…..!Vaya – se dijo Zadig- ¡ O sea que hay hombres tan desgraciados como yo!”.
El deseo de salvar la vida al pescador le asaltó al mismo tiempo que se hacía esta
reflexión.
Corrió hacia él, le detuvo, le interrogó con aire conmovido y de consuelo.
Dicen que se es menos desgraciado cuando se comprueba que no es el único en serlo;
pero, según Zoroastro, ello no se debe a la malignidad , sino a la necesidad. Uno se siente
entonces empujado hacia un desventurado como a un semejante. La alegría de un hombre
felíz sería un insulto; pero dos desventurados son como dos arbolitos débiles que, apoyándose el uno en el otro, se robustecen contra la tempestad.
Voltaire
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